Camino y veo como un río deshidratado se abre dando lugar a un camino árido. Estoy parado ahí que no se donde es, pero se que ahí estoy. Todo lo que siento es una nada inmutable, una sensación de ardor en la piel y lo que quema no es el sol, es la desdicha, es mi hipocondríaco corazón que siempre dolido grita y se queja, que nunca encuentra en el optimismo una salida, que siempre se deja llevar por la soledad.
Los pocos pastos del camino intentan darme el oxígeno que necesito para seguir, pero no me alcanza, siento que me desmayo, que caigo, se doblan mis rodillas y con mis manos toco la tierra.
Y veo tu foto.
La tierra húmeda de lágrimas hunde mis manos cada vez mas; mis brazos se vencen obligandome a tragar el barro.
Escupo las heridas del ayer y trago las del mañana, me doy vuelta, mirando al cielo, viendo revolotear en una espiral casi hipnótica a un grupo de aves de rapiña que me esperan.
Y pienso en mis opciones, me dejo llevar por la situación, descanso mis ojos, aprieto el gatillo y relajo mi alma; o doy pelea, me levanto y camino, me arrastro en la tierra, por el camino árido hasta llegar a casa.
Esta vez elijo la segunda, no me voy a dar por vencido, menos en esto, la vida.
Se hace de noche, y aparecen las luces, a lo lejos, que de a poco me despiertan de este sueño musical. Estoy en la sala, ensayando, tocando estas melodías de cartón que me hacen volar por los desiertos de mi mente. Y es ESPIRALADOS, y es mi vida.
El juego acaba de empezar, nos veremos muy pronto.
sábado, 29 de marzo de 2008
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1 comentario:
es así, no hay que aflojar. Espiralados esla vida.
vamos todavía
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